La recogemos a mano en apiarios a 3.200 metros, entre frailejones del páramo. Sin pasteurizar, sin filtrar de más: cada tarro guarda el sabor exacto de la floración de esa temporada. Cosecha limitada, embotellada al pie de la montaña.
No apuramos a las abejas ni a la miel. Trabajamos con lo que da cada floración y lo anotamos todo: dónde, cuándo y cuánto. Estas son las notas que guardamos de cada cosecha.
Envasado en frío · nunca sobre 40°C
La colamos en frío y la envasamos tal cual sale del panal. Así conserva sus enzimas, el polen y esos aromas que el calor borra. Si cristaliza, es buena señal: está viva.
Envasado en frío · nunca sobre 40°C
3.200 m s. n. m. · floración de frailejón y encenillo
Nuestras colmenas viven a 3.200 metros, entre frailejones y encenillos del bosque altoandino. La floración de páramo es corta y terca, y por eso la miel sabe a lo que sabe: a montaña.
3.200 m s. n. m. · floración de frailejón y encenillo
≈ 40 kg por cosecha · número de lote en cada frasco
Cosechamos poco y por tandas. Cada frasco lleva su número de lote y la floración de ese mes anotada a mano, para que sepas exactamente de qué panal y de qué temporada viene tu miel.
≈ 40 kg por cosecha · número de lote en cada frasco
Cada frasco se llena a mano tras la cosecha de temporada entre los frailejones. Nada pasteurizado, nada mezclado: la floración que probás es la que había ese mes en la montaña.
Cosecha de floración silvestre del páramo, densa y ámbar oscuro.
Trozo de panal entero flotando en su propia miel, tal como sale del apiario.
Miel cristalizada lento hasta quedar sedosa para untar, sin batidos ni aditivos.
Recogida en los bosques altos, de aroma balsámico y final mentolado.
De las abejas que polinizan cafetales de ladera, con notas tostadas.
Nuestra crema sedosa infusionada con canela de Sri Lanka.
3.200 metros sobre el mar, entre frailejones y neblina, viven nuestras abejas. Cada frasco recoge una temporada de floración salvaje: la cosechamos a mano, la dejamos cruda y la envasamos sin prisa. Así llega a tu cocina, con el mismo perfume del páramo en el que nació.
Se nota que es miel de verdad: cristaliza como debe ser, sin trucos. La cucharita se queda parada.
El panal para masticar es un lujo. Mis hijos lo piden con el pan y no queda nada al día siguiente.
Compré tres frascos para regalar en diciembre y volví por más en enero. Ya es la miel de la casa.
Cuéntanos qué buscas y con gusto te decimos qué hay disponible esta temporada. Respondemos personalmente: aquí no hay bodega ni stock infinito, solo la miel que el páramo dio este año.